Edmund Burke (1729 - 1797)

Nacido, crecido y educado en Irlanda, Edmund Burke fue uno de los estadistas y filósofos políticos ingleses más famoso del siglo XVIII. Después de haberse ganado los primeros reconocimientos gracias a sus habilidades literarias, Burke formó parte del Parlamento en 1766, donde permaneció por las siguientes dos décadas.

A menudo se le recuerda por su vehemente oposición a la Revolución Francesa, expresada ​​en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia. Él de hecho observaba en la Revolución Francesa un peligro mortal: un Estado ferviente pero mal gobernado es capaz de destruir todos los delicados lazos sobre los cuales se sustenta una sociedad libre.

Debido a su defensa de la tradición, a menudo era considerado como un reaccionario. Sin embargo, él amaba la libertad y estaba a favor de muchas de las posiciones del pensamiento liberal tradicional en la política, así como también en la religión y la economía. No separó nunca la religión de la libertad; sostenía que la libertad era solo posible cuando formaba parte de un orden moral eterno y trascendente. Una cosa que para él era muy importante, era que nunca se debía confundir la libertad con el libertinaje; y que la libertad debe ser siempre vista como una libertad ordenada.

En el campo de la economía, Burke creía que la propiedad privada representaba la base de un orden social justo y que estímulaba al individuo a ser más productivo y a la prosperidad nacional. Sostenía siempre vehementes objeciones planteadas en contra de los entrometidos monopolios estatales y apoyaba una más amplia posibilidad en la adquisición de la propiedad, que consideraba útil como una poderosa barrera a los abusos perpetrados por el Estado. Desde su punto de vista, la educación moral llevada a cabo por las instituciones sociales intermedias – la familia, la iglesia, la comunidad local – sólo podrá florecer si las propiedades que sustentan esas instituciones están protegidas o aseguradas. El apoyo que él dió a la libertad económica le hicieron ganar el respeto de Adam Smith, mientras fue su vehemente defensa de una libertad moralmente informada le ganó a Burke la admiración de Lord Acton, que se refería a él como un modelo sin tiempo del aprendizaje humano, la virtud religiosa y acción política iluminada.

Fuentes: Selected Writings and Speeches of Edmund Burke edited by Peter J. Stanlis (Regnery Gateway, 1963), and The Political Economy of Edmund Burke by Francis Canavan (Fordham University Press, 1995).