El Euro: una crisis económica y moral

Michael Maibach

La eurozona de diecinueve naciones ha estado en una crisis sostenida desde el crash de 2008. Los países del sur de Europa menos competitivos —Italia, España y Grecia— han experimentado un alto desempleo y un crecimiento económico anémico. En contraste, las naciones más competitivas del norte de la eurozona, como Alemania y Holanda, han experimentado un sólido crecimiento desde la Gran Recesión. La austeridad gubernamental impulsada por la UE en el sur no ha hecho lo suficiente para mejorar esas economías, pero ha polarizado a sus electores.

Como es demasiado frecuente cuando la UE se enfrenta a una crisis, la única cura que se ofrece es «más Europa». El nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha propuesto la creación de un presupuesto para la eurozona, supervisado por un ministro de finanzas de la eurozona, que luego distribuiría los fondos recaudados a las economías más débiles. Este individuo supervisaría a los diecinueve presupuestos nacionales de la eurozona, determinando el nivel apropiado de rescate para ser otorgado a cada nación. Para financiar la operación, recomienda que el Banco Central Europeo (BCE) cree, y luego venda, eurobonos. En el proceso, esta oficina crearía una nueva forma de dependencia nacional, repleta de oportunidades para la toma de decisiones «políticas» en vez de económicas. Habiendo perdido el control de su moneda, esas naciones perderían el control de sus presupuestos y de las políticas impositivas. El control se centralizaría en Bruselas y Frankfurt.

Esto está muy lejos de ser la unión económica alguna vez promovida como un medio para el florecimiento económico.

El mercado único de la UE se puso en marcha en 1993. El objetivo era la libre circulación de personas, bienes, servicios y capital dentro de lo que ahora son 28 Estados miembros. Uno de los principales arquitectos de la Unión Europea fue el ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors. A principios de los años ochenta, el socialista francés propuso pasar de un mercado común a una moneda común, a un gobierno común. Consideró el proceso como un medio que paso a paso crearía a los Estados Unidos de Europa. La moneda común, el euro, siguió en 1999, cuando la UE formó una unión monetaria entre once estados miembros. La eurozona hoy incluye a diecinueve miembros, la casa de 375 millones de personas con un PIB de 12 billones de dólares —el tamaño del PIB de China. Irónicamente, es esta «unión monetaria» la que ahora puede amenazar el futuro de la UE.

Por qué fue creado el euro

Hay tres razones por las que se creó el euro. En primer lugar, el euro tenía por objeto profundizar el mercado único de la UE al eliminar los intercambios de divisas a través de las fronteras nacionales y crear una competencia transnacional en materia de costes. Segundo, la moneda estaba destinada a convertirse en una moneda de reserva alternativa al dólar estadounidense. Y tercero, podría sentar las bases para un superestado europeo unificado. Irónicamente, el euro se ha convertido rápidamente en una causa central de la desunión de la UE.

Si bien el euro es una moneda única, la eurozona cuenta con diecinueve parlamentos distintos, jefes de Estado y bancos nacionales. Estos bancos nacionales, más el Banco Central Europeo (BCE), conforman el Eurosistema —similar al sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Como usted puede imaginar, un avión y diecinueve pilotos es una fórmula para un accidente económico aéreo. El desafío significativo de una moneda que abarca diecinueve gobiernos es que los funcionarios electos están desconectados de la responsabilidad fiscal. Además, la misión perdida de los bancos nacionales es imponer disciplina monetaria. El tercer fracaso aquí es que diecinueve naciones han perdido una herramienta económica vital, la apreciación o depreciación de su moneda.

Las monedas, por su naturaleza, conectan a las naciones con la retroalimentación económica global y hacen que los líderes gubernamentales tomen en cuenta el impacto de sus decisiones. Diecinueve naciones de la UE han perdido este vínculo vital con las fuerzas económicas globales. Hoy en día, Alemania tiene 4% de desempleo y un 68% de deuda con respecto al PIB, mientras que Grecia —con la misma moneda— tiene 22% de desempleo y 170% de deuda en relación al PIB.

La creación del euro provisionalmente taponó estas disparidades económicas. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE de 1997, firmado por los países del tratado para adherirse al euro, exige que el déficit presupuestario de una nación no supere el 3% del PIB y que la relación de deuda a PIB no supere el 60%. Grecia utilizó contabilidad falsa en su solicitud de 2001 y la mayoría de las naciones de la zona del euro ya no cumplen estos requisitos.

En 1994, la tasa de interés a 10 años de los bonos del gobierno alemán era 7%, mientras que era de 24.5% para los bonos griegos. Estas tasas de interés reflejaron los riesgos relativos de la compra de bonos alemanes contra griegos. El euro se lanzó en 1999 y Grecia se convirtió en el duodécimo miembro del euro en 2002. De 2002 a 2008, hubo poca diferencia entre las tasas entre los bonos alemanes y los griegos. Pero para el 2011, debido a la Gran Recesión, las tasas de los bonos del gobierno alemán volvieron al 7%, y las tasas de los bonos griegos regresaron al 24.5%.

Como Warren Buffett dijo una vez: «Sólo cuando la marea baja, descubres quién ha estado nadando desnudo». Y sin embargo, a pesar de estas dramáticas diferencias, la moneda de comercio de ambas naciones tiene la misma fuerza, no afectada por las decisiones de sus líderes. Y de alguna manera, se espera que el BCE defina una política monetaria ventajosa para ambos extremos y las diecisiete naciones entre ellas.

En resumen, la zona del euro ha tenido el efecto de socavar la responsabilidad fiscal nacional, la disciplina monetaria y la capacidad de diecinueve naciones para beneficiarse de la retroalimentación económica de los cambios en el valor de sus monedas y lo que indican acerca de su nivel de competitividad nacional. Cuando llegó la Gran Recesión, las economías débiles de la eurozona como España e Italia no podían competir con Alemania, Austria y Holanda dentro de la misma unión monetaria. Al unirse al euro, países como Grecia han perdido disciplinas fiscales internas, así como el «valor de soltar» de la depreciación de la moneda y sus señales competitivas.

La pregunta es, ¿cuál es el curso correcto en el futuro? El presidente Macron crearía eurobonos y un euro-fondo centralizado para transferir la riqueza del norte al sur de Europa a cambio de un control más centralizado sobre sus presupuestos nacionales. Esto eliminaría a esas naciones de las fuerzas del mercado, las políticas necesarias para restablecer su competitividad internacional y diluiría aún más su soberanía nacional al concentrar las decisiones en manos de una burocracia ineficiente. Crear más dependencia no es la respuesta.

Las lecciones morales

El proyecto de la eurozona aporta importantes lecciones económicas y morales.

Primero, históricamente las uniones monetarias nunca han funcionado debido a las discrepancias entre los gobiernos nacionales involucrados. O la UE se convierte en una sola nación, o su unión monetaria se resquebraja. Vemos el comienzo de un gobierno continental formándose hoy.

En segundo lugar, cuando el valor de la moneda de una nación se desconecta de las decisiones de los líderes electos, se pierde la responsabilidad pública, al igual que las señales vitales del mercado relacionadas con la eficacia de esas decisiones. El buen comportamiento, como el ahorro, el trabajo y la eficiencia, no se recompensa, y no se desalienta el mal comportamiento, como el despilfarro, la pereza y la mala toma de decisiones.

Y tercero, la historia del poder y su uso exitoso desde la Reforma Protestante y la Revolución Americana ha sido la historia del poder descentralizado y desagregado, del federalismo o el análogo europeo más cercano, la subsidiariedad. Moviendo el poder más cerca de la gente y los mercados contribuirá más al crecimiento y al florecimiento humano.

La Unión Europea y el proyecto de la eurozona son esfuerzos destinados a mejorar la paz y la prosperidad de Europa. Estos son objetivos buenos y nobles. Pero las tendencias actuales de centralizar el poder en Bruselas en todas las materias, y de centralizar el control de las economías nacionales a través de una unión monetaria, golpean las tendencias históricas de difundir el poder y mantenerlo más cerca de la gente.

 

Nota

La traducción del artículo «The euro: An economic and moral crisis» publicado por el Acton Institute el 8 de septiembre de 2017, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.