El Discurso de Francisco al CELAM

Gabriel J. Zanotti

 

Una de las cuestiones menos comentadas de Francisco en la JMJ fue su discurso al Celam[1], del 28-7-2013, donde, creemos, desarrolló cuestiones importantes que no deben quedar inadvertidas. El lector tiene en la nota a pie la versión completa del discurso; nosotros nos limitaremos a comentar sólo algunas cuestiones, con la falibilidad obvia del proceso de selección.

1.    La renovación interna de la Iglesia para la “misión”.

Francisco hace preguntas ad intra, a los obispos, que no deben quedar en la nada. Las iremos colocando una por una y luego haremos nuestro personal comentario.

a)    “…¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo?”

En todo el documento se respira una crítica a la racionalidad instrumental que puede ser la muerte de la Fe auténtica. Un obispo no puede ser un administrador. Tiene para ello posibilidades de delegación. Tiene que ser un padre para sus sacerdotes, un hermano para los otros obispos, tiene que ejercer la denuncia profética, tiene que acostumbrarse a tomar las riendas de su propio magisterio y no depender de votaciones aburridas en insípidas conferencias episcopales.

b)    “…¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen?

Un obispo no puede ir siempre detrás de la histórica, detrás de las agendas diversas, quejándose del mundo perverso. Tiene que llevar él su propia agenda, tiene que instalar temas entre los fieles, tiene que ser la punta de lanza de la historia. Y para eso no tiene que hacer cursos: tiene que tener Fe y salir de su palacio, que no es una cuestión física, sino espiritual……………

c)    “…¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?”.

Los obispos parecen haber olvidado que todos los sacramentos son milagros, estrictamente, que pertenecen al orden sobrenatural de la Gracia, y, como fieles laicos, toman parte en ellos de manera aburrida, costumbrista. Le mejor educación que pueden ejercer sobre sus fieles es hacerles tomar conciencia de que la vida sacramental no es un conjunto de usos y costumbres que tengan que ver con lo cotidiano de lo humano, sino un milagro extraordinario a través del cual se nos abren ventanas directas al Reino de Dios.

d)    “…¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral?”

Evidentemente lo que propone Francisco es que, para atender aquellas cosas que requieran un mínimo de planificación, el obispo podría servirse de un poder legislativo al cual, evidentemente, muy pocos están acostumbrados a recurrir.

e)    “…¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía?”

Tema muy delicado. Tal vez un modo más académico del “hacer lío” que tanto ruido ha hecho. Confiar más en la libertad de los fieles y sus iniciativas apostólicas es proporcional al nivel de formación de los fieles, y esto es precisamente lo que muchos pastores han olvidado promover….

f)     “….Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados? 

Tal vez habría que reformular la pregunta. Los bautizados que practican y meditan su fe, ¿no se sienten distantes y alejados cada vez que entran a una parroquia y ven en ella un mundillo al cual es imposible acceder sin sacar vaya a saber qué identificación misteriosa?

2.    La ideologización del mensaje evangélico.

a)    Ante todo, una importante corrección.

Durante mucho tiempo vimos una increíble ingenuidad hermenéutica en documentos eclesiales que repetían, en este orden, “ver, juzgar, actuar”, como si el ver no implicara ya un juzgar, una interpretación previa. Personas que habían estudiado hermenéutica, se ve que mentalmente la tenían sólo como una “materia de Sagradas Escrituras”, pero no la habían incorporado a sus vidas. Francisco los corrige: “…Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de “ver, juzgar, actuar” (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un “ver” totalmente aséptico, un “ver” neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad?”.

b)    Las miradas ideológicas.

Pero la preocupación de Francisco es que en esas miradas haya ideologías contrarias al Evangelio. Y cita especialmente una: el reduccionismo socializante, que abarca “...los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista”.

Aquí muchos lectores dirán: ¿de nuevo la “condena por igual” al liberalismo y al marxismo, sin distinciones? No tengo más remedio que decir: por un lado, sí, y nada de qué asombrarse, para Bergoglio -y, como ya dije, para casi todo el mundo- el “liberalismo de mercado” es algo malo en sí mismo. Por el otro lado, si se hacen las distinciones necesarias, no creo que Francisco, en tanto Francisco, niegue las aclaraciones hechas al respecto por Juan Pablo II en Centesimusannus, donde hay una valoración positiva de le “economía de mercado”, sin la palabra “liberalismo”. Algunos dirán: Francisco podría haber hecho esa aclaración. Ok, no está en su agenda. No está en su agenda aunque no nos guste y punto.

Por lo demás, tiene razón si por “liberalismo de mercado” se entiende una ideología. Esto es, la suposición, por un lado, de suponer que de las Sagradas Escrituras pueda desprenderse directamente el mercado, errónea posición a la cual yo mismo he llamado “clericalismo de mercado”, y, por el otro, la suposición de que el libre mercado es todo, es un todo perfecto, negando al mismo tiempo todo tipo de trascendencia religiosa. Que cada libertario medite si le cabe el zapato, pero es claro que ese “liberalismo de mercado” es contrario a la Fe y está bien que así sea.

c)     Nuevos psicologismos, pelagianismos y gnosticismos.

Por lo demás, son muy oportunas las advertencias de Francisco contra las ideologizaciones psicologizantes, gnósticas y neo-pelagianas, todas muy relacionadas entre sí. Esto es, ver la Fe como un resultado de un esfuerzo personal, dentro de las propias fuerzas (pelagianismo) donde un grupo de iniciados (gnosticismo) creen que la Fe pasa por un camino de autoconocimiento interior (psicologismo). Cuidado, porque nada de esto niega que sea necesario estudiar y meditar el Catecismo de la Iglesia, hacer cursos con cierto “esfuerzo” personal, y menos aún esto niega la importancia de la psicoterapia como una medicina del alma tan necesaria como la del cuerpo, dejando a Dios que haga los milagros que quiera. Lo que significa es una advertencia a la pérdida de la noción de Gracia de Dios, a suponer que la Fe NO viene totalmente de Dios, a través de la redención de Cristo, y NO de nuestros méritos. Lo cual puede llevar a todos esos grupos a nuevas formas de fariseísmo MUY extendidas en ciertos círculos………………

3.    El funcionalismo.

Pero otra tentación que puede sufrir el pastor es el funcionalismo, la clave de la razón instrumental que comentábamos antes: “…Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la “hoja de ruta”. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia”. Es concebir la misión apostólica como una empresa, con todo lo bueno que tiene la empresa, pero olvidando la espontaneidad de la Fe, que se ve tanto en un Santo Domingo o un San Francisco. El funcionalismo es la mentalidad de evaluar resultados, hacer mediciones, un “control de calidad” del mensaje. Nada más alejado de la Fe, que ya sabe que Cristo ya venció, que ya sabe que en ese sentido ya no hay fracaso y que lo que hay son pruebas que forman parte de la misma cruz de Cristo (MUY importante para esto es meditar sobre el personaje de la novela “Las Llaves del Reino” de A.J.Cronin, que también se llamaba “Francisco”).

4.    El clericalismo.

Muy importante también la advertencia de Francisco contra el clericalismo: “…Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo”. Lo hemos visto de cerca: el obispo y el sacerdote diciéndole al laico todo lo que tiene que hacer y decir, temas políticos opinables inclusive. Claro, es lo más cómodo al laico, como al sacerdote le sería cómodo que el laico pudiera celebrar Misa.

Pero Francisco agrega: “…Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular”. Puede ser, aunque con todo respeto le preguntamos a Francisco si los pastores no han estado muy dormidos ante los fenómenos de masas que nada tienen que ver con la Fe, o con el politeísmo y animismo “popular”, muy difíciles de erradicar sin una enérgica prédica por parte de los pastores.

5.    Las periferias.

“…Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de “periferias existenciales” des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales”.

Perfecto. Me pregunto hasta qué punto se tiene in mente, en este caso, el diálogo con el no creyente educado en su postura, algo a lo cual ciertos pastores temen, sintiéndose más cómodos en la devoción popular del iletrado, donde a veces no hay auténtica Fe. Muchos pastores parecen no advertir ningún problema en el sincretismo por el cual cierta “religiosidad popular” mezcla ritos precolombinos con la liturgia católica, al mismo tiempo que condenan y no intentan ningún diálogo con intelectuales alejados de la Fe, ya sea por una profunda ideologización de su propio episcopado, ya sea por temor o ignorancia. Eso no es precisamente “ir hacia la periferia”….

6.    El obispo que quiere Francisco.

 Por último, me permito citar in extenso su ideal: “…Quien conduce la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano que todos conocemos quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del Obispo que ya dije a los Nuncios en la reunión que tuvimos en Roma. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”.

Esta vez me abstengo de todo comentario.