La tragedia del socialismo venezolano

Víctor Mata

El origen de la crisis venezolana, mucho antes que Chávez subiera al poder, y las causas de la crisis socialista actual en Venezuela, es la idea de Víctor Mata en su columna.

La verdadera crisis en Venezuela no comenzó con el difunto Hugo Chávez. Él y el presidente Nicolás Maduro, un dictador en verdad, son el resultado inevitable de más de 40 años de desarrollo económico estable combinado con una cultura política democrática en constante erosión. El socialismo del siglo XXI promovido por Chávez y ahora Maduro es el producto de cuatro décadas de corrupción y una burocracia inflada que avanzó bajo un sistema democrático que se ha subvertido en totalitarismo.

Venezuela inició su período democrático más prolongado en 1958, después del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez. Luego, hasta 1998, el país fue conducido por dos partidos políticos de izquierda: los socialdemócratas y los socialcristianos. Venezuela sostuvo una democracia fuerte durante ese tiempo, como lo demuestra el hecho de que sus instituciones y el poder ejecutivo del país resistieron varios intentos de golpe de Estado. Durante este período de democracia, Venezuela construyó una economía fuerte; la cuarta más grande en el mundo en 1966 y la más rica de América Latina en 1968. Pero esta riqueza se construyó sobre desigualdad severa. La élite política y empresarial se había olvidado de los ciudadanos más pobres y desprotegidos.

En 1998, estalló la peor crisis política de los últimos tiempos. Fue una protesta contra un gobierno insensible y corrupto y contra la distribución injusta de la riqueza. Esa crisis fue evidente en el momento electoral. Dos de tres candidatos presidenciales provenían del mundo no político: Irene Sáez, una ex Miss Universo, y un militar llamado Hugo Chávez, que provenía de una familia pobre pero que mostraba un gran carisma y cualidades de liderazgo. El tercer candidato fue el político Henrique Salas Römer.

La campaña electoral de Chávez en 1998 presentó un fuerte tema populista e hizo campaña en tres puntos: primero, Chávez dijo que representaba un cambio para Venezuela, algo diferente para el país. Segundo, aumentó el resentimiento social entre ricos y pobres. Culpó a los ricos por los problemas económicos de la gente pobre. La lucha de clases fue su forma de crear un vínculo con la mayoría de los venezolanos y obtener votos. Tercero, prometió cambiar la Constitución y reestructurar otras instituciones porque afirmó que era necesario cambiar el sistema venezolano y reemplazarlo con el socialismo.

Chávez ganó las elecciones con el 56% de los votos. Cuando asumió el cargo, en 1999, el precio del petróleo oscilaba entre USd 7 y 9 por barril. En 2005, el precio se había disparado a USd 100. Durante la siguiente década, Chávez utilizó la riqueza petrolera del país como un niño rico que heredó algo para lo que nunca trabajó. Con los petrodólares de Venezuela, desarrolló un estado paternalista, creando lazos sociales, económicos y políticos a través de subsidios y comprando la conciencia de los más pobres en Venezuela.
Hasta su muerte en 2013, Chávez estableció su socialismo del siglo XXI subvirtiendo la democracia que le permitió tomar el poder y avivando la lucha de clases entre los más pobres en esta nación con 31 millones de habitantes. Al mismo tiempo, Chávez expropió cientos de empresas, y la mayoría de sus propietarios y accionistas nunca recibieron restitución. En palabras de la líder de la oposición María Corina Machado, "la expropiación, de ese modo, es robo". Siempre, el populista Chávez, le dio el control de esas empresas expropiadas a aliados políticos que no tenían calificaciones ni experiencia en la gestión de negocios. Este cambio de control de los negocios e industrias venezolanas viables fue probablemente la acción más riesgosa para el futuro económico del país (el país ahora está experimentando una tasa negativa de crecimiento del PIB). Además, Chávez tomó el control del intercambio de divisas y dictó cuánto y con qué propósito los individuos y las empresas podían comprar y vender. El comercio exterior se suspendió en muchos sectores. Como resultado, Chávez destruyó la producción de alimentos en Venezuela.

Hoy Venezuela tiene lo que podría describirse como una dictadura no tradicional —que se esfuerza por dar la apariencia de una democracia. Sin embargo, es un sistema totalitario. En palabras del congresista Juan Miguel Matheus, es un cáncer que invade todas y cada una de las áreas de nuestra vida social. En un intento por mostrar cuán humano es, el gobierno liberó recientemente a más de 50 prisioneros políticos.

Pero la destrucción de los niveles básicos de vida ha sido severa. En Venezuela, unos 12 millones de personas viven con un salario mínimo obligatorio mensual que, en abril, llegó a USd 1.61 según el tipo de cambio del mercado negro. La socióloga María Gabriela Ponce, de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, estima que el 61% de los venezolanos están sumidos en la pobreza extrema. Más del 63% de los venezolanos solo tienen una comida diaria y las escenas de personas hurgando en la basura en las calles son comunes. Las tasas de mortalidad infantil han crecido exponencialmente.

Debido a que no hay suministros médicos o medicamentos en los hospitales, los pacientes con cáncer, epilepsia y enfermedades del corazón, entre otros, mueren innecesariamente todos los días. Las compañías que producen medicamentos no tienen dólares estadounidenses para comprar materia prima. La desnutrición es atroz. Pero es el único resultado posible en un país con más de 3 millones de niños cuyo futuro ha sido arruinado por el Socialismo del Siglo XXI.

La crisis venezolana de hoy es el resultado de más de 40 años de gobiernos corruptos y falsas promesas que han creado un clima de extrema dependencia del gobierno. Con personas totalmente dependientes del gobierno, Chávez, y ahora Maduro, podrían manipular a la gente como quisieran —manteniendo el control de los disturbios sociales, pero destruyendo a la dignidad humana.

Las soluciones políticas a la crisis actual no están a la vista. El gobierno de Maduro ha dividido a la oposición y le ha dicho a la gente que sus oponentes son de dos tipos: algunos se benefician por las conexiones con los políticos; los otros son sanguinarios y quieren destruir la democracia con una guerra civil. Pocos tienen alguna esperanza de encontrar un político que pueda unir al país. Venezuela necesita nuevas formas de pensar para restaurar la verdadera democracia. Necesita una nueva generación de líderes políticos con un fuerte carácter moral que comprenda cómo el socialismo corroe y corrompe la dignidad humana.

Nota
El autor de la columna, el abogado venezolano Víctor Mata está participando en el Emerging Leaders Program del verano de 2018 de Acton. Iniciará su maestría en política pública global este otoño en la Universidad de Potsdam en Alemania.
El artículo «The tragedy of Venezuela’s socialism» fue publicado antes por el Acton Institute el 3 de julio de 2018. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La traducción es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas, fundado en 1995.