Es la Hora de los Intelectuales...Quines Pensaron que la Batalla de las Ideas Ya estaba Ganada

Aldo Cerda, Director Ejecutivo Action Institute

Samuel Gregg es un interlocutor extremadamente amable, que cierra sus ojos cuando responde a cada pregunta, como si lo más importante del mundo para él en ese momento es encontrar la palabra o la expresión correcta de su línea argumental. Es Director de Investigación en el Ac-ton Institute, tiene una maestría en filosofía política de la Universidad de Melbourne y un doctorado en filosofía moral y economía política de la Universidad de Oxford.

En 2001, fue elegido miembro de la Royal Historical Society y miembro de la Mont Pèlerin Society en 2004. En 2008 fue elegido miembro de la Sociedad de Filadelfia y miembro de la Royal Economic Society. En 2017 fue nombrado miembro del Centro de Estudios de Derecho y Religión de la Universidad de Emory. Es Editor General de la serie de Estudios sobre Ética y Economía de Lexington Books. Él es también miembro del Consejo Académico del Campion College, Sydney; la Fundación Burke en Madrid; el Instituto Fe y Libertad; y el Instituto de Asuntos Económicos de Londres; así como miembro de los consejos editoriales de la revistas Mercados y Moralidad y Valores en la Sociedad Industrial.

Nuestra entrevista se da cuando ya ha completado su participación en eventos de L&D, Universidad Los Andes y SOFOFA:

-En una entrevista reciente a revista Capital, usted hace hincapié en que el gobierno de Donald Trump representa un triunfo de las ideas de libertad. Llama la atención que, si existe un símbolo que representa su discurso electoral, sería sin duda “el Muro” entre EEUU y México, y difícilmente uno podría ligar la idea de libertad a la figura que Pink Floyd y Alan Parker transformaron en un objeto de culto –el rompimiento de la opresión– en 1982.

-Es una buena observación. Mi argumentación en esa entrevista se refería específicamen-te al desarrollo de los negocios y a la promesa de menor regulación. En el caso del “Muro”, el tema de fondo es el de la política de migraciones, donde el norteamericano medio resiente la ausencia del imperio de la ley, la falta de aplicación. A mí me gustaría un sistema como el ca-nadiense o el australiano, donde no es difícil poder inmigrar legalmente, pero lo que tenemos en EEUU actualmente es un sistema extremadamente difícil para obtener la ciudadanía legal y uno extremadamente fácil para la inmigración ilegal, y eso es lo que se quiere cambiar.

-Entonces vamos al tema de los negocios. La industria de las TI no apoya ni la reforma migra-toria propuesta, ya que les dificulta acceder al mejor capital humano disponible, ni el revisionismo de los tratados de libre comercio. ¿Podríamos decir que la crisis del 2008 que originó la industria financiera fue precisamente por falta de regulación?

-Bueno, a mi modo de ver, la industria tecnológica dejó muy en claro en el proceso elec-cionario que estaba contra el candidato Trump, por lo que el electo presidente “ya hizo la pér-dida” de ese sector de la actividad económica. Respecto de la industria financiera, la verdad es que es cierto que las grandes firmas se protegen por su tamaño e integración, y habían cre-cido gracias a una combinación de intervenciones públicas como la baja de la tasa de interés, la facilidad para prestar y el saber que el gobierno sería reacio a dejarlas fallar, mientras que en el caso de los pequeños y medianos actores, el sector estaba sobre-regulado.

-En esa lógica, ¿usted se opone a los rescates?

-Definitivamente. El test real de un compromiso liberal responsable va por ver quién deja que los actores se hagan responsables de sus fracasos.

-En términos de la globalización, ¿no le parece que EEUU está haciendo un retroceso protec-cionista?

- Apoyo decisivamente el funcionamiento de los mercados libres y competitivos. Pero lo que pasa hoy en EEUU es que cambió en la gente esa percepción de que lo que era bueno para EEUU era bueno para el mundo (y había que hacer algo al respecto), por una visión que privi-legia lo nacional. La gente hoy es escéptica de que la liberalización económica los beneficie a ellos directamente y desconfía de que las élites estén alineadas con ese concepto. Se podría decir que su voto va más por el concepto de seguridad económica individual.

Asimismo, esta doctrina de un EEUU más activo en el campo internacional –el guardián del mundo– es algo relativamente nuevo, que solo se impuso después de la Segunda Guerra Mundial. El país “profundo” siempre ha sido más bien aislacionista, y lo que vemos es un retorno a esa mirada histórica tradicional (“America First”).

- Se ha dicho que esta nueva visión es muy utilitaria, pero el utilitarismo –concebido a lo Bentham– siempre consideró no sólo los beneficios de las acciones para uno mismo, sino que también descontaba las pérdidas o los costos de las mismas para otras personas. ¿Éste no parece ser el caso?

- Efectivamente, este no es el caso de un enfoque utilitarista. De lo que se trata, aquí y en Europa, es del renacer de la noción de soberanía nacional o de nacionalismo económico, y donde el eje es la protección de aquellos que tienen menos chances de éxito en una econo-mía abierta.

- ¿Y qué rol podrían tener en este contexto organizaciones clave del pasado como el Banco Mundial, el FMI y otras multilaterales semejantes?

- No me preocuparía mucho de la burocracia multilateral, la cual ha demostrado una ex-traordinaria habilidad adaptativa para crecer y perpetuarse. Lo que sí destacaría es que ella tiene un rol menor en las estrategias de desarrollo de los países, por la simple razón de que la cantidad de recursos que manejan ya no son tan importantes en relación a los tamaños de las economías nacionales.

- Siendo un liberal, su misma visión de la administración Trump es preocupante, y sin embar-go usted parece optimista…

Es verdad que soy optimista, pero creo que tenemos un tremendo trabajo que hacer para mejorar nuestra línea argumental y defender que está en la defensa del mejor interés nacio-nal promover el libre comercio.

Es cierto que el proteccionismo parece atractivo, pero en la protección de mis intereses individuales sólo es cierto si es que tengo amigos en el gobierno, y eso me parece el principal argumento contra la inequidad de este enfoque, en relación a aquel más meritocrático de la libre competencia. El tema es que los defensores conceptuales de este modelo parece que sintieron que su trabajo estaba completado con la caída de la ex URSS, y no se dieron cuenta que la visión compartida de defensa de la democracia y los mercados libres sólo se daba a nivel de élites. Cuando éstas son cuestionadas por la gente común, cae también la legitimi-dad de lo anterior.

- En su defensa de la iniciativa privada para curar los males de la sociedad, ¿qué opinión le merece que la familia de Douglas Tompkins –un filántropo conservacionista norteamericano con proyectos a nivel internacional– haya decidido dejar el enfoque privado de conservación y haya realizado la donación más grande del mundo de este tipo al Estado chileno?

- No conozco los detalles de esa donación, por lo que no podría opinar de ella. Lo que sí puedo señalar es que, en relación a los medios –más que los fines–, la iniciativa privada ha demostrado su efectividad para hacerse cargo de la “tragedia de los comunes”, que son los bienes públicos derivados en este caso de la conservación de la naturaleza. Pero me encanta-ría saber más del caso señalado, para entender si era en relación a la protección de la natu-raleza o de los intereses privados del donante que se tomó tal decisión.