La «fe racional» de Mao: cómo los comunistas buscaron reemplazar a Dios

Joseph Sunde

A la luz de la conferencia en el Instituto Acton de Greg Forster acerca de Whittaker Chambers, el famoso espía soviético que más tarde se convirtió al cristianismo, recientemente hice notar los recordatorios rutinarios de Chambers de que el comunismo no es, fundamentalmente, algo formado por un cierto menú de teorías económicas o tácticas políticas.

«[El comunismo] no es solamente los escritos de Marx y Lenin, el materialismo dialéctico, el Politburó, la teoría del valor-trabajo, la teoría de la huelga general, el Ejército Rojo, la policía secreta, los campos de concentración, la conspiración clandestina, la dictadura de el proletariado, la técnica del golpe de estado», escribe Chambers en Witness.

«No son ni siquiera los millones de personas que cantan y bailan periódicamente, como ejércitos desorganizados, en el corazón de las capitales del mundo: estas son expresiones del comunismo, pero no son de lo que se trata el comunismo».

Nos dice Chambers, más bien el comunismo, en su raíz, trata de un esfuerzo por rehacer el mundo a la imagen del hombre: «restaurar al hombre a su soberanía por el simple método de negar a Dios». Más sencillamente es, una «fe racional» tan antigua como el Jardín del Edén, «una visión de la mente del hombre desplazando a Dios como la inteligencia creativa del mundo».

Desafortunadamente, esa realidad básica del comunismo no se limitaba a la experiencia de W. Chambers con la Rusia Soviética. En una entrevista reciente con Matt Kibbe, Li Schoolland, una sobreviviente de la China comunista, enfatiza ese mismo punto central, recordándonos la máxima fe del presidente Mao Zedong en el hombre y la destrucción que trajo a la gente, la economía, el medio ambiente y la sociedad en general.

Puede verse la entrevista aquí:

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«El eslogan de Mao era que el ser humano luchará contra la naturaleza y ganará, así que en realidad está peleando contra Dios», explica Schoolland. «Dios no hizo que el mundo fuera perfecto, entonces nosotros, como humanos, necesitamos luchar y mejorar el mundo. Ese es su principio... Ese es el eslogan más fuerte de Mao ... La gente definitivamente vencerá a Dios».

Kibbe observa la conexión con las advertencias de Hayek sobre la «pretensión de conocimiento» y «la presunción fatal» del hombre. En las historias contadas por Schoolland, vemos que esto es más que solamente una teoría. Cuando se les otorga poder y autoridad indebidos, tales presunciones conducen a un colapso total y tangible de la civilización.

Aunque nuestras confrontaciones actuales con estas presunciones suelen ser mucho más leves en su dedicación o efectividad, haríamos bien en recordar los problemas de fondo con la «fe racional» en el hombre en la que confían.

El comunismo no se trata solo de planificación central, ni sus fallas se detienen con la hambruna, el hambre masiva y el trabajo forzado. Como Chambers y Schoolland nos recuerdan, su fe es mucho más profunda y su destrucción va mucho más allá: oprimir corazones y mentes, distorsionar las prioridades morales, separar a los niños de sus familias y retorcer la vida, el trabajo y el matrimonio como meros asuntos de lealtad estatal.

Al escuchar las historias de Schoolland, nos estamos haciéndonos la misma pregunta sencilla que Chambers: «¿Dios u hombre?» Si es, después de todo, «necesario cambiar el mundo», como un buen comunista podría decir, deberíamos tener una idea bastante clara de por dónde no comenzar.

 

Nota

Joseph Sunde es editor asociado y escritor del Acton Institute. La traducción de su artículo «Mao’s ‘rational faith’: How communist China sought to replace God»  publicado por el Acton Institute el 20 marzo 2018, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.