Kishore Jayabalan

Hable usted lo suficiente a los conservadores europeos y al final le recordarán que los comunistas occidentales y orientales del Viejo Continente nunca han rendido cuentas por sus crímenes. Al menos no en la medida en que se les persiguió a los miembros del partido nazi después de la Segunda Guerra Mundial. Esta falta de rendición de cuentas ha significado que el comunismo nunca haya sido completamente desacreditado por la izquierda política, por lo que alguna variante del comunismo / socialismo estaba destinada a resurgir, a pesar de la evidencia insuperable de su costo humano y su abyecto fracaso.

A menudo me he preguntado por qué los comunistas nunca han tenido que pagar un precio por sus pecados y graves errores de juicio moral. Quizá los demócratas liberales victoriosos estaban demasiado ansiosos por la reconciliación después de la Guerra Fría, demasiado compasivos como para castigar a los malhechores. O tal vez estos mismos demócratas liberales no creyeron que realmente ganaron la Guerra Fría, y en su lugar fue el otro lado el que simplemente falló por su propia cuenta, debido a algún tipo de error involuntario. Los liberales parecieron abstenerse de regodearse en lo que pensaron que era un triunfo inmerecido. ¿Para empezar, creyeron realmente alguna vez en la superioridad de sus creencias?

Cualquiera que sea la razón, el fracaso en desacreditar al comunismo y al socialismo ha regresado para perseguirnos. Habría sido inimaginable hace apenas diez años la popularidad de Bernie Sanders, el único político abiertamente socialista en el Congreso de Estados Unidos, entre los jóvenes estadounidenses junto con su aversión al capitalismo. Los conservadores religiosos del milenio en lugares como First Things están de acuerdo en llamarse a sí mismos socialistas cristianos.

Dos conservadores religiosos más viejos y sabios, el editor de First Things Rusty Reno y el presidente de Acton, el padre Robert Sirico, recientemente debatieron los méritos del mercado libre. Desde mi punto de vista, obviamente sesgado, el padre Sirico ganó el debate ampliamente, sobre todo porque al final Reno pareció defender el capitalismo. Pero, de nuevo, nunca me han atraído las ideas socialistas y siempre he pensado que la mayoría de las críticas a la economía de mercado son exageradas o extraviadas; soy, después de todo, una criatura de la década de 1980.

Creciendo con Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el papa Juan Pablo II como mis héroes, no sorprende que tenga yo tanto aprecio por el capitalismo democrático liberal informado religiosamente. La generación del milenio pasó por la adolescencia durante la presidencia de Clinton y entró en la edad adulta con los ataques del 11 de septiembre, guerras aún no concluidas en Afganistán e Irak, la crisis financiera de las hipotecas de alto riesgo, la renuncia del Papa Benedicto XVI y la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo. Las certezas con las que crecí parecen haberse desvanecido en el aire.

Por lo tanto, es fácil entender por qué los de esa generación están tan hastiados y ahora flirtean con ideas desacreditadas e incluso inhumanas. Pero si los niños de la era Reagan-Thatcher-JPII somos fieles a nuestras creencias, debemos rechazar esta lectura excesivamente historicista del tiempo presente. ¿Acaso no tenemos aún a la razón y al libre albedrío, no podemos todavía ver, juzgar y decidir entre las alternativas que tenemos ante nosotros? Si es así, tenemos que mirar las realidades actuales para renovar nuestra defensa de la democracia liberal.

Es verdad, después de todo, que no tenemos una economía completamente capitalista en Occidente; el tamaño del gobierno ha reducido drásticamente el alcance de la libertad económica en las últimas décadas, independientemente de qué partido haya estado en el poder. Pero Estados Unidos y cualquier otro país próspero del mundo son definitivamente más capitalistas que socialistas. Si no quiere creer en fuentes como el Índice de Libertad Económica, simplemente mire países (más bien prisiones) como Corea del Norte, Cuba y Venezuela. Observe los flujos migratorios internacionales y verá una diferencia fundamental entre los países que intentan mantener a la gente y los que tienen que limitar el número que reciben. Es un cliché pero sigue siendo cierto: la gente vota con los pies y abrumadoramente elige a la democracia liberal por encima del socialismo.

¿No saben quizá estos migrantes lo que están eligiendo? Tal vez se sienten atraídos por los edificios altos y brillantes y la opulencia seductora de Occidente, solo para ser explotados y marginados por los corruptos plutócratas que prosperan gracias a mano de obra barata. Siempre ha sido este el argumento del intelectual en contra la promesa de oportunidad económica. Tal vez el problema sea que el capitalismo ha tenido éxito en poner al alcance de todos lo que solía estar reservado a las clases altas.

La causa intelectual ha sido tanto sobre la «cultura burguesa (es decir, vulgar)» del capitalismo democrático como sobre la economía. Nuestro buen amigo Alberto Mingardi ha estado discutiendo el ensayo de 1952 de Gertrude Himmelfarb «La democracia estadounidense y sus críticos europeos» y cita este buen pasaje:

«Cuando Coca-Cola, los cómics y los misterios de asesinato de Raymond Chandler invadieron Europa, penetrando incluso en la fortaleza británica, los radicales lanzaron un gran clamor contra el capitalismo estadounidense. Lo que eligieron no ver es que el verdadero delincuente no es tanto el capitalismo como las masas europeas, que han dado una recepción entusiasta a estos productos supuestamente degenerados del capitalismo estadounidense. La verdadera queja de Europa contra Estados Unidos no es que Estados Unidos esté exportando cultura capitalista, sino que está exportando cultura popular».

Entonces, en lugar de ceder a la desesperación sobre el futuro o confiar en una ingenua esperanza en el progreso histórico, los demócratas liberales debemos redoblar nuestros esfuerzos porque la realidad fundamental está de nuestro lado. Puede que no siempre sea edificante o ennoblecedor, pero tiene la gran ventaja de ser cierto. Terminaré recordando a los derechistas más jóvenes una afirmación audaz atribuida a uno de esos políticos de los 80, «Las realidades de la vida son conservadoras».

 

Nota

La traducción del artículo «Socialism still kills» publicado por el Acton Institute el 6 de diciembre de 2017, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.